jueves, 24 de octubre de 2013

Feliz y cansada

Me encuentro agotada y no debo extenderme demasiado, porque tengo tanto que contar y tan pocas energías que podría liarme...Así que hoy escribo sólo un aperitivo, una rápida lluvia de ideas de lo que me han inspirado las dos semanas y media de viaje por Nepal y Tailandia:
- Fui a Nepal por sus montañas, pero las nubes las cubrieron y entonces fueron sus gentes las que colmaron con creces mis expectativas.
- No hay nada predecible: la estación seca en Nepal puede convertirse en estación lluviosa de un instante para otro. 
- En los ¨lodges" de montaña, lo mismo puedes conocer a un inglés trabajando para una ONG en Sudáfrica, que a un madrileño dedicado a terapias hipnóticas (con sesión de hipnosis incluida...).
- La sopa de ajo y el té de jengibre realmente ayudan a curar catarros.
- Hay tópicos muy reales: los tailandeses son todo sonrisas y hospitalidad.
- El monzón tiene su encanto: las playas se vacían, y bañarse bajo la lluvia en aguas tailandesas es un placer recién descubierto.
- La comida tailandesa está buenísima, pero picante. No importa que el camarero te diga "Non spicy", no os confiéis, pica igualmente.

Nepal y Tailandia tienen mucho que ofrecer, y es una pena que yo sólo haya podido explorar la puntita del iceberg. Acabo de llegar y ya estoy deseando volver...

Y ahora sí...¡buenas noches!




miércoles, 21 de agosto de 2013

Armas ilegales

Me resulta tan chocante leer ésto en el periódico. Me refiero al hecho de que haya armas legales, cuando yo asocio totalmente la palabra "arma" con la palabra  "ilegal" (aunque sé que es debido a que he crecido en un entorno muy pacifista...).

Pero a lo que vamos: estaba en la pausa del almuerzo en la oficina, de forma excepcional, comiendo delante del ordenador, y me ha dado por mirar las noticias. Y se me ha atragantado, literalmente, la comida. Hablan del uso de armas ilegales en Siria, de armas químicas; hablan de un nuevo ataque que podría haber matado a 200 personas según unas fuentes, pero a 600 según otras. Y lo que es aún peor, hablan del conflicto que, todos sabemos, dura ya más de dos años.

Y ahora, así, con la ensalada de pasta atragantada, reflexiono: ¿cuánto tiempo he pensado yo en la guerra siria en los últimos dos años? Siempre que leo las noticias hay algo más importante en lo que pensar:

Desempleo y conflicto sirio
Caso Bárcenas y Siria
Accidente de tren y Siria
Matrimonio gay y Siria
Nuevo heredero en Inglaterra y Siria

Y no es que los titulares no sean importantes, que lo son. Es que Siria casi siempre está en segundo plano (de ahí para abajo), por lo que pocas veces le dedicamos nuestros más directos pensamientos. Y uno se acostumbra a leer lo que pasa, a entender que en un conflicto tan complejo ninguno de los dos bandos es inocente, y se adormila porque piensa que esa guerra nos pilla muy lejos y no hay nada que hacer.

Pero hoy, se me ha cerrado el estómago, como un sano recordatorio de que hay muchas personas inocentes muriendo injustamente e "ilegalmente" en un país que nunca he visitado, pero que existe. Y las personas son personas, vivan donde vivan.

Hoy escribo ésto para recordarme a mí misma que los conflictos y consecuentes muertes no son menos injustas porque no aparezcan en los titulares de nuestros periódicos occidentales tan frecuentemente como deberían. Porque van dos años de conflicto y poco es el tiempo que he dedicado en mis pensamientos a los habitantes sirios. 

Las injusticias provocadas por la crisis española no dejarán de entristecerme, pero lo que está viviendo el pueblo sirio merece aún más mi más completo rechazo y empatía.

lunes, 22 de julio de 2013

Sol

El sol ha tornado las dificultades en oportunidades, los obstáculos en retos y los arrepentimientos en experiencias.

Soy fan de las típicas frases: "La realidad depende del observador", "La realidad depende del cristal con que se mire". Pero jamás pensé que mi realidad pudiese cambiar tanto cuando la temperatura supera las 25º y el sol brilla y calienta.

Soy la misma, yendo en la misma bicicleta a la misma oficina. Vivo en la misma casa y llevo el mismo horario. Sin embargo, algo ha cambiado. El sol ha traído consigo no sólo alegría, si no también la certeza de que estaba malgastando el tiempo quejándome. Por suerte, llegó justo a tiempo. Ahora sé que me aburría porque no pensaba en lo que hacía, me cansaba porque estaba aprendiendo. Ahora veo que si perdiera lo que tengo, con sus ventajas y desventajas, entendería lo que es perder oportunidades, encontrar obstáculos y, tal vez, arrepentirme. 

Y todo por el Sol. Voy a empezar a pensar que, como dice mi compañera, soy una planta y necesito hacer la fotosíntesis.

¡Bienvenido verano!


domingo, 23 de junio de 2013

La cura de Belgrado

Belgrado es una ciudad vestida por su gente. Como un mujer que intenta ocultar sus pequeños desperfectos con ropa alegre, favorecedora y que destaca lo mejor de su cuerpo. Los desperfectos (edificios grises, en ruinas o simplemente bombardeados) quedan en un segundo plano, en una ciudad en la que sus habitantes están muy vivos, son activos y tienen muchas ganas de comerse el mundo.


Pero pese a los signos que su historia reciente ha dejado en ella, Belgrado es una ciudad con potencial. Avenidas amplias, edificios grandes en buen estado y, lo más valorado desde mi punto de vista: muchos y variados espacios verdes. En definitiva, cuando paseas por ella cuesta visualizar lo que ocurría en sus calles hace menos de tres lustros. Esas historias que el taxista que me llevó al aeropuerto me contaba...

...Él  tenía 8 años en el 99, cuando le contaban que estaban en guerra. En seguida, él se preparó para ver soldados, tanques y demás personas y armamentos que cualquier niño asocia a la palabra "guerra". Pero no, esa guerra resultó ser menos obvia. Desde sus recuerdos, la guerra consistía en escuchar un avión volar muy muy bajo, y entonces estar preparado a que algún edificio fuese bombardeado. Una vez, una bomba cayó muy cerca de su casa, y aun se puede observar el hueco creado en la calle. No le daba tanto miedo como ver a soldados disparando, pero cada vez que escuchaban un avión tenían que confiar en que no cayese cerca de su vivienda...

Esos niños son ahora los jóvenes que levantan el país. Los jóvenes que compran sin parar y visten como parisinos o londinenses, siguiendo las más novedosas modas. Los jóvenes que aún en una noche de tormenta de martes, siguen en la calle charlando a las 12 de la noche (y es que ya me avisó la recepcionista de mi hotel de que allí cada noche era noche de fin de semana). Esos jóvenes que, en definitiva, viven y disfrutan su ciudad.

Sí, también hay problemas económicos en Belgrado, pero la sensación que da al pasear por el centro es de prosperidad. Terrazas llenas, ejecutivos con móviles, novísimas tiendas de ropa (Mango y Zara entre ellas, por supuesto) con impecables escaparates. Eso sí, si levantas la vista más allá de la tienda, el edificio presenta desconchones reclamando una restauración urgente.

En definitiva, Belgrado es una sopresa. Y un claro ejemplo de cómo la historia de cada ciudad la modela su gente. Belgrado podría estar llorando sus agujeros y escasez, pero la actividad en sus calles camufla cualquier resto de pesimismo.

Pasear por Belgrado sienta bien. Y más si llegas al río y presencias una preciosa noche de tormenta como ésta.



martes, 30 de abril de 2013

La magia de los bosques

La diversidad de formas de vida y procesos que ocurren en un bosque a lo largo de un año son mágicos.
Y este vídeo os lo mostrará.


a Forest Year from motionkicker on Vimeo.

lunes, 22 de abril de 2013

The other inconvenient truth

En el Día de la Tierra no puedo dejar de dedicarle una entrada al medio ambiente y los problemas a los que nos enfrentamos si queremos protegerlo.

Los que alguna vez han hablado conmigo de cambio climático y protección del medio ambiente en general sabrán que lo que más me preocupa no es el famoso CO2, ni el protocolo de Kioto (con el cual soy bastante excéptica y crítica). Lo que pienso que es el verdadero problema al que nos enfrentamos si queremos ser sostenibles es el cambio de uso de suelo (de bosque a agricultura o a plantaciones de bioenergía, de humedal a bosque, de matorral a pastizal...) y el uso del agua. Me preocupa especialmente la deslocalización de los efectos de estos cambios de uso de la tierra: el hecho de que en Bélgica (por poner un ejemplo) queramos comer carne frecuentemente puede estar convirtiendo un campo de un país lejano en un cultivo que sirva para alimentar los animales que después nos comeremos. Y nosotros sin saberlo y sin entender las consecuencias. Me alarma lo poco que la población sabe o se preocupa de los impactos del uso del agua y el cambio de uso de suelo. 

Para informaros un poquito más, este vídeo que colgó Ecoherencia en facebook es perfecto. Desafortunadamente está en inglés...así que, ¡a practicar vuestras habilidades idiomáticas!

martes, 16 de abril de 2013

Porque todo puede cambiar en un día: El dios de las pequeñas cosas

Acabo de terminar una novela que debería haberme leído hace mucho tiempo, cuando me la recomendaron por primera vez. Ya que, durante todo este tiempo, mis expectativas han ido creciendo hasta encontrarme leyendo el libro y esperando más, mucho más. La sensación que me deja es agridulce (puede que el triste argumento tenga algo que ver), pero he de ser objetiva y decir que en términos generales, entiendo el porqué de las críticas positivas hacia El dios de las pequeñas cosas, de la escritora india Arundhati Roy.

Para empezar con lo positivo, durante dos semanas me he encontrado de paseo por el sur de la India. Es tan rica la descripción que Arundhati nos hace de sus paisajes, de la grandeza natural de la India, de sus gentes, sus colores y olores, tan vívida, que puedes recrear la sensación sofocante de calor, o el color de las especias. Incluso he llegado a oler los aceites en las pieles de las personas. He visto el río bajar, marrón, cargadito de sedimentos y he oído el zumbido de insectos a la hora de la siesta. Me ha enseñado lo bueno y lo malo, la cara y la cruz.  El lenguaje usado por la autora es distinto, original, nos pasea por los distintos escenarios de mano de dos hermanos gemelos de 8 años, y tal vez sea el lenguaje infantil utilizado el que me ha conseguido transmitir tantas sensaciones de forma tan clara y primaria. Un gran acierto.

Si seguimos comentando aspectos positivos, haría mención ahora a la temática social. Las diferencias sociales son expuestas sin tapujo alguno, el sistema de castas explicado al detalle y toda la historia del libro gira en torno a ésta: a la difícil convención social que establece a quién debe quererse, y cómo, y cuánto. Una crítica social muy intensa, que seguro también generó muchos detractores del libro.

Pero, ¿qué es lo que no me ha gustado? En general, en algunos momentos he llegado a cansarme de la retórica del lenguaje, que, como ya he comentado, me resultó muy efectivo a la hora de recrear los escenarios y personalidades, pero que ha llegado a resultarme repetitivo, o incluso empalagoso, como las conservas de "Encurtidos y Conservas Paraíso" que la familia de Ayemenem fabricaban. 

Y por último, el final del libro. Me dejó a medias, sentí que aún quedaban cosas por contar, y más después del nivel de detalle usado para algunas otras descripciones y hechos. En definitiva,  me ha faltado final. Y el final me vino de sopetón. Un drama al que no se le ha dado la suficiente importancia. He disfrutado mucho más el camino o el proceso, que el final.

En realidad, apartando mis pequeños comentarios negativos (y muy subjetivos), el libro merece la pena. Es un libro de lectura lenta, un libro que se abre y ya solo queda sentarse, mirar por la ventanilla y disfrutar del viaje a través de la India.