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martes, 22 de abril de 2014

El Día de la Tierra

Por el Día de la Tierra os propongo ver, primero, un vídeo para deleitarse con las maravillas que nuestro planeta esconde...



Segundo, un video representando la crueldad del hombre hacia lo que la Tierra nos ha dado.



Anda, a reflexionar aunque sea unos minutitos, que aún estamos a tiempo de minimizar daños (e invertir el final de la historia).

lunes, 18 de noviembre de 2013

9 días en Nepal

Cualquier viaje a Nepal comienza en Katmandú. Ya sea de paso hacia las montañas o porque el destino principal es la capital nepalí, todo viajero acaba visitando los templos de Durbar Square, comprando en el caótico barrio Thamel,o visitando el Templo de los Monos. Así que la primera impresión de Nepal es caos, polvo, suciedad y tráfico. Llegar a Katmandú y ser capaz de andar por sus calles sin agobiarse requiere de, al menos, una mañana de entrenamiento. Katmandú tiene templos, estupas de ojos pintados y pequeños Budas por doquier, alcanzando el máximo esplendor en la fantástica Durbar Square. Pero para alguien que va allí buscando la naturaleza que sólo en el Himalaya se puede encontrar, tanto polvo, basura en la calle, motocicletas y sus pitidos (en Nepal no hay normas, así que conducen pitando todo el tiempo: es su forma de hacer saber que se aproximan) pueden causar cierto rechazo.




Nosotros íbamos, al puro estilo europeo, buscando la montaña, la naturaleza. Pero en Nepal la dicotomía ciudad/montaña no existe como nosotros la conocemos (ciudad = avance, tecnologías, industrialización, oficinas...Montaña= lugar despoblado, retiro...). La mayoría de la población nepalí es rural y allí las cabañas rurales no son hoteles-spa, restaurantes de turismo rural o centros de visitantes, son viviendas de familias enteras que viven del campo (y de los senderistas, por supuesto). A medida que desde Pokhara vas subiendo en taxi en altitud, la ciudad se va diluyendo, poco a poco, sin mostrar un claro contraste. Las casas se van espaciando, las motos y sus pitidos se van notando cada vez menos, la carretera se hará cada vez más estrecha, pero para cuando se llega al inicio de la ruta de senderismo, las cabañas siguen repartiéndose por las laderas de la montaña, las personas siguen usando sus móviles y la forma de vestir es exactamente igual que en la ciudad. Todos quieren vivir como en la ciudad. Sólo cuando se comienza a subir por vías inaccesibles para los vehículos, y los burros y porteadores reemplazan a las motos y los coches, se empiezan a apreciar las diferencias que la escasez crea en las formas de vida. 

Cuando iba en el avión, camino de Nepal, mi mente estaba llena de imágenes del ostentoso pico del Anapurna, imágenes de valles derramando aguas de nieve y bosques de mil especies mezcladas, esos que ya hace tiempo nos cargamos por estos lugares del mundo. Sin embargo, nunca soñaba con las cabañitas de madera esparcidas por las laderas, ni con los burros y las vacas echándonos del sendero, ni con la película nepalí que me vería en un refugio de montaña. Y fue esta cultura inesperada la que más me llenó. Puede que las nubes y lluvia que empeñaron las vistas de las imponentes cumbres tengan la culpa de que mi atención se desviara hacia lo más mundano: las personas que, a diferencia de en Europa, siguen habitando las montañas, cultivando sus verduras, matando a sus pollos y tejiendo su ropa. 




Adentrarse en el Himalaya merece mucho la pena, pero no sólo porque el paisaje deja sin aliento, si no porque entras en contacto con una forma de vida que nosotros perdimos. Las personas siguen viviendo de, para y con la naturaleza. Los habitantes de los pueblos aun escuchan y respetan al campo y sus ciclos, porque dependen de ellos. No intentan cambiarlos para su comodidad, se adaptan en los peores momentos y se aprovechan de los buenos. Y sí, claro, quieren tener las mismas oportunidades que los ciudadanos de Katmandú, por eso algunos tienen televisión y a muchos sitios llega Internet. Lo que no ven es que, desde mi punto de vista, su calidad de vida es inmensamente mayor que la de los pobres habitantes de la capital, que llevan mascarilla cuando salen a hacer la compra. 

Viajar siempre aporta algo, abre un poco más la mente, y, en mi caso, me ha servido para volver a un debate nada novedoso, pero duradero: el desarrollo de los países en desarrollo. Yo he apreciado la forma de vida de los nepalíes en la montaña, pero ellos cada vez más quieren huir a la ciudad, ser "modernos" y tener todo lo que ven a los actores de las películas americanas. Y tienen derecho a quererlo, pero en Katmandú he sido testigo de que la globalización no les ha hecho ningún bien. Nosotros ya hemos comprobado que nuestro modelo de crecimiento es perjudicial a largo plazo. Pero ellos quieren probarlo y están en su derecho. Sólo que me daría tanta pena que también allí dejase de escucharse a la naturaleza...

lunes, 22 de abril de 2013

The other inconvenient truth

En el Día de la Tierra no puedo dejar de dedicarle una entrada al medio ambiente y los problemas a los que nos enfrentamos si queremos protegerlo.

Los que alguna vez han hablado conmigo de cambio climático y protección del medio ambiente en general sabrán que lo que más me preocupa no es el famoso CO2, ni el protocolo de Kioto (con el cual soy bastante excéptica y crítica). Lo que pienso que es el verdadero problema al que nos enfrentamos si queremos ser sostenibles es el cambio de uso de suelo (de bosque a agricultura o a plantaciones de bioenergía, de humedal a bosque, de matorral a pastizal...) y el uso del agua. Me preocupa especialmente la deslocalización de los efectos de estos cambios de uso de la tierra: el hecho de que en Bélgica (por poner un ejemplo) queramos comer carne frecuentemente puede estar convirtiendo un campo de un país lejano en un cultivo que sirva para alimentar los animales que después nos comeremos. Y nosotros sin saberlo y sin entender las consecuencias. Me alarma lo poco que la población sabe o se preocupa de los impactos del uso del agua y el cambio de uso de suelo. 

Para informaros un poquito más, este vídeo que colgó Ecoherencia en facebook es perfecto. Desafortunadamente está en inglés...así que, ¡a practicar vuestras habilidades idiomáticas!

lunes, 14 de marzo de 2011

Dependencia

Primero ha sido la subida del precio del petróleo debido a la crisis libia y el subsecuente nerviosismo que despertó en todos los países de Europa y más allá. Después han sido las explosiones en la central nuclear de Fukushima, consecuencia del devastador terremoto y tsunami que ha devastado Japón y que han despertado el debate nuclear en países como Suecia y Alemania.

Ambas son tragedias que están ocurriendo en países lejanos a los nuestros. Nosotros no hemos sentido los temblores del terremoto de Japón ni estamos luchando con los rebeldes para intentar echar a Gadafi del poder. Continuamos con nuestras propias rutinas, sin embargo, un fantasma ha empezado a rondar nuestras economías: la crisis energética. El gobierno se pone nervioso ante la subida del precio del barril del petróleo que inevitablemente afecta de forma directa ala economía. Y comienzan a poner medidas y a convencer a la gente de lo importante que es circular a 110 en lugar de a 120.

Y no es que no sea verdad que así se ahorra energía, pero lo que yo me pregunto es si alguien está sintiendo lo que yo al escuchar las noticias: vulnerabilidad. ¿Cómo podemos sentirnos seguros en un sistema tan global que hechos como una revolución civil en Libia o una catástrofe natural ponen nerviosos a gobiernos que ven peligrar su mercado energético?¿No resulta evidente que este modelo de desarrollo basado en el consumo energético tiene muchos puntos débiles?¿No somos demasiado dependientes?En el caso de España, más concretamente, se pone de manifiesto la enorme dependencia que tenemos del exterior en materia de energía. Pero yendo más allá, generalizando, todos somos dependientes del gas, del petróleo, de las centrales nucleares...Sé que esto forma parte del típico discurso ecologista, pero no se trata de eso, se trata de mi percepción personal ante la actualidad informativa. Llevo semanas escuchando noticias acerca del ahorro energético que ahora se ha convertido en urgente y necesario, escuchando hablar de reformas que se llevarán a cabo para reducir el consumo energético en ciudades y edificios. Estoy segura de que dentro de un par de meses aparecerá otra noticia que capte más la atención del público y ya no escucharemos hablar tan frecuentemenet de bombillas de bajo consumo o de mejora del transporte público. Sin ir más lejos, las medidas tomadas por el gobierno son temporales, como si dentro de unos meses la necesidad de ahorrar energía hubiese terminado. Si el precio del petróleo vuelve a estabilizarse, ya podemos volver a gastar, ¿así funciona?La realidad es que una reforma más radical es necesaria, un verdadero cambio de hábitos y paradigma, que busque la sostenibilidad y el autoabastecimiento. Porque este es sólo el principio de la crisis energética a la que se llegará si seguimos consumiendo a este ritmo frenético.

Yo pienso en las personas que están muriendo en Libia y que intentan resistir en su lucha contra el régimen de Gadafi. También pienso en las personas muertas en Japón y las evacuadas por riesgo nuclear. Que la crisis energética no desvíe la atención de los verdaderos problemas y que los intereses económicos dejen de empañar las toma de decisiones en situaciones como la de Libia.