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sábado, 14 de noviembre de 2015

En un día perfecto

Hoy ha hecho un día estupendo. Hemos madrugado y conducido unos pocos kilómetros bajo la niebla, para después empezar a ascender hacia el Monasterio de Queralt, en Berga. Poco a poco dejamos las nubes atrás, abajo, para empezar a vislumbrar un cielo azul intenso, más propio de verano que de otoño. Llegamos al mirador de Queralt y nos encontramos ante un mar de nubes, literalmente. Como si de repente nos hubiésemos subido a un avión y mirásemos por la ventanilla. Precioso. Un día perfecto, unas vistas perfectas. Comienzan a llegar más paseantes y turistas, todos sonríen y el humor general es bueno, buenísimo, por la suerte de estar ahí, en ese momento, disfrutando de algo tan bonito. 

Hacemos un alto en el camino y aprovechamos para mirar las noticias en el móvil. Cosas de las nuevas tecnologías, ni por encima de las nubes desconecta una. Pero la ocasión lo requiere porque anoche supimos del atentado perpetrado en París. El número de víctimas ha subido a lo largo de la noche. Más de ciento veinte... Levantamos la vista y nos cuesta encajar nuestro bienestar del momento con lo que ha ocurrido en París. En realidad, con lo que está ocurriendo en el mundo.

¿Cómo es posible tanto odio? ¿Cómo es posible que una persona quiera, sueñe con matar a inocentes un día cualquiera? Que lo prepare, que se prepare con ganas. Da escalofríos pensarlo. ¿Puede alguien contener tanto odio dentro como para llegar a eso? Miramos las nubes, el sol va calentando la piel, los desconocidos que pasan saludan con sonrisas, y no entendemos cómo anoche ocho personas desearon matar (y matarse) sin importar las vidas rotas.

Pero seguimos andando y encontramos un cartel informativo: estamos en el inicio del Camino de los Buenos Hombres, o Ruta Cátara. Nos presentan un poquito de historia: la Ruta Cátara recorre el camino de huída, de norte a sur, de los cátaros en los siglos XII y XIII, cuando el catarismo fue perseguido ferozmente por las cruzadas y la Inquisición. Los cátaros eran los ¨"Buenos Hombres", cristianos cuyas creencias huían del materialismo. Pacíficos. Terrible coincidencia. El panel informativo nos habla de persecuciones y matanzas en nombre de la religión. De otra religión, en otra época y en otro lugar. Sin embargo, si volvemos a leer las noticias en el móvil y leemos que los asesinos disparaban al grito de Alá, se nos encoge el corazón. Siglo XXI y parecemos inmersos en la Edad Media. 

Terribles coincidencias. Precioso paisaje y día perfecto. Seguimos disfrutando de él, pero con todas las víctimas en nuestro pensamiento. Aquellas personas que anoche salían a vivir una velada otoñal con el mismo pensamiento positivo: disfrutar, sacar provecho de la libertad que nuestra cultura, países y democracias europeas nos permiten. Personas a las que, sin embargo, les truncaron, o quitaron, la vida. 

Ojalá algún día esta terrible Edad Media del yihadismo alcance el punto de libertad que nosotros hemos conseguido. Y que hasta entonces, dejen de arrebatarnos (a todos nosotros: a sus compatriotas, y a los europeos) el derecho a vivir en paz, De tener la oportunidad de disfrutar días perfectos. 


lunes, 26 de enero de 2015

De vuelta a casa y al empleo

Permitidme hoy una nota más negativa.

Para los que me conocéis, mi comentario de hoy no os resultará nada nuevo, ya que me habréis escuchado hablar del tema una y otra vez, pero nunca había escrito sobre ello. El detonante para que acabe escribiendo un comentario acerca de la situación laboral en España fue el artículo publicado en El País el pasado jueves: "De vuelta a casa y al empleo".

No sé porqué me impactó tanto. Muchas personas lo leerán y recibirán el mensaje de optimismo y alegría que el artículo intenta transmitir: el panorama laboral español no está tan mal como lo pintan, hay españoles (jóvenes y maduros, con carrera universitaria o sin carrera) que están felizmente trabajando y que incluso lo prefieren a los trabajos que otros países europeos puedan ofrecerle. Y sí, me alegro por ellos, no me vayáis a malinterpretar. Incluso me siento identificada con el primer caso, pues al fin y al cabo, yo soy otro ejemplo de "vuelvo a España y prefiero la calidad de vida a una mejor oportunidad laboral". 

Lo que a mí me apena es el conformismo de nuestra sociedad hacia los derechos sociales y laborales. No consigo acostumbrarme, desde que volví de Bélgica intento dejar de comparar, olvidarme de lo que vi y viví, pero me es imposible. En el artículo de El País un hombre muy feliz menciona que prefiere "calidad de vida a un gran sueldo". ¿A qué nos referimos los españoles cuando hablamos de calidad de vida? Nos hemos acostumbrado a lo peor: a no conseguir trabajo, a no tener sueldos dignos, a que la ayuda por desempleo se esfume antes de que te des cuenta;  así que cuando te ofrecen un contrato, aunque sea temporal, aunque no te dé para ahorrar o para hacer planes de futuro, hay que estar feliz y ser agradecido. No estaréis de acuerdo conmigo en que una de las frases más repetidas en España los últimos años es: "Al menos tienes trabajo". Las condiciones no importan, al menos tienes trabajo.

Debo aclarar que no hablo solo de cuestiones económicas. Para nada, de hecho, el sueldo es lo de menos. Hablo de contratos de 40 horas semanales y trabajadores que trabajan 50 si hace falta y sin rechistar. Hablo de conciliación familiar, hablo de un mínimo de certeza de si te renovarán o no. Hablo de tener acceso a una vivienda, de alquiler o comprada, a los 30 años. 

Y bueno, la crisis es la crisis, y nosotros hemos tenido los gobiernos que hemos tenido, y una economía sustentada en un negocio inmobiliario que se vino a pique. En definitiva, una idiosincrasia característica que nos define como sociedad y que nos ha llevado a una situación laboral pésima. Pero no deja de sorprenderme como nuestra sociedad lo asume, se conforma y es feliz porque puede sustentarse y seguir viviendo en el país "con mejor calidad de vida de Europa" (que también he escuchado esto por ahí).

Ahora dicen que la situación está mejorando. Puede ser. Pero yo sigo siendo testigo de jornadas laborales de 8 de la mañana a 8 de la tarde (totalmente aceptada por los trabajadores como una situación normal), estoy siendo testigo de traslado de jóvenes trabajadores a otras regiones o países, con aviso de una semana de antelación, porque es donde hay trabajo y, total, no tienen familia ni responsabilidad (por supuesto que no la tienen, si no tienen tiempo ni recursos para planteársela), estoy siendo testigo de amigos y amigas felices porque tras años de paro consiguen un trabajo (sí, es verdad, hay más trabajo ahora) pero que llegan justos a fin de mes. Soy testigo de becarios terminando sus estudios de investigación haciendo uso del dinero de desempleo (práctica, una vez más, totalmente asumida en la sociedad). Pero sí, las cosas van mejor y en este país se vive de lujo.

Termino, pidiéndoos de nuevo que no me malinterpretéis, sé que hay que ser optimista, dejar de quejarse y vivir feliz con lo que se tiene. También entiendo que un padre de familia que ha pasado apuros para alimentar a sus hijos acepte un trabajo, sin mirar condiciones. Es lo más lógico, pero también sería lógico que la sociedad española se escandalizase más, se llevase las manos a la cabeza por cada injusticia cometida. No que nos sonriamos porque por fin podemos volver a casa, ganando un poquito menos y trabajando un poquito más, pero que felices somos...



miércoles, 21 de agosto de 2013

Armas ilegales

Me resulta tan chocante leer ésto en el periódico. Me refiero al hecho de que haya armas legales, cuando yo asocio totalmente la palabra "arma" con la palabra  "ilegal" (aunque sé que es debido a que he crecido en un entorno muy pacifista...).

Pero a lo que vamos: estaba en la pausa del almuerzo en la oficina, de forma excepcional, comiendo delante del ordenador, y me ha dado por mirar las noticias. Y se me ha atragantado, literalmente, la comida. Hablan del uso de armas ilegales en Siria, de armas químicas; hablan de un nuevo ataque que podría haber matado a 200 personas según unas fuentes, pero a 600 según otras. Y lo que es aún peor, hablan del conflicto que, todos sabemos, dura ya más de dos años.

Y ahora, así, con la ensalada de pasta atragantada, reflexiono: ¿cuánto tiempo he pensado yo en la guerra siria en los últimos dos años? Siempre que leo las noticias hay algo más importante en lo que pensar:

Desempleo y conflicto sirio
Caso Bárcenas y Siria
Accidente de tren y Siria
Matrimonio gay y Siria
Nuevo heredero en Inglaterra y Siria

Y no es que los titulares no sean importantes, que lo son. Es que Siria casi siempre está en segundo plano (de ahí para abajo), por lo que pocas veces le dedicamos nuestros más directos pensamientos. Y uno se acostumbra a leer lo que pasa, a entender que en un conflicto tan complejo ninguno de los dos bandos es inocente, y se adormila porque piensa que esa guerra nos pilla muy lejos y no hay nada que hacer.

Pero hoy, se me ha cerrado el estómago, como un sano recordatorio de que hay muchas personas inocentes muriendo injustamente e "ilegalmente" en un país que nunca he visitado, pero que existe. Y las personas son personas, vivan donde vivan.

Hoy escribo ésto para recordarme a mí misma que los conflictos y consecuentes muertes no son menos injustas porque no aparezcan en los titulares de nuestros periódicos occidentales tan frecuentemente como deberían. Porque van dos años de conflicto y poco es el tiempo que he dedicado en mis pensamientos a los habitantes sirios. 

Las injusticias provocadas por la crisis española no dejarán de entristecerme, pero lo que está viviendo el pueblo sirio merece aún más mi más completo rechazo y empatía.