martes, 22 de abril de 2014

El Día de la Tierra

Por el Día de la Tierra os propongo ver, primero, un vídeo para deleitarse con las maravillas que nuestro planeta esconde...



Segundo, un video representando la crueldad del hombre hacia lo que la Tierra nos ha dado.



Anda, a reflexionar aunque sea unos minutitos, que aún estamos a tiempo de minimizar daños (e invertir el final de la historia).

lunes, 7 de abril de 2014

Drie jaar geleden...

Hace tres años llegué a Bélgica. Llovía. Nosotros reíamos, éramos puro entusiasmo, ¿qué nos traería esta nueva aventura? Han pasado tantas cosas en tres años...

Estos tres años me han dado nuevos amigos, paciencia, un anillo de compromiso. Me han enseñado que, después de todo, el inglés no es el idioma universal, que hay que hacer esfuerzos por aprender la lengua local para entender los matices de una cultura. Me han descubierto una forma de fracasar que nunca había conocido antes, y con ella, una madurez y serenidad nuevas. Estos tres años me han servido para iniciarme en la repostería (con unas cuantas cookie-times de por medio....). Me han enseñado a estirar mis límites continuamente, como si de una goma elástica se tratase... He aprendido palabras en flamenco, y en argentino. He cocinado mejillones al estilo belga.

Estos tres años han traído muchos viajes en avión, me han descubierto una nueva forma de viajar, un pelín más desagradable. Pero he aprendido a asimilar esa continua sensación de estar en dos lugares a la vez, pero en ninguno al mismo tiempo. Estos tres años me han dado un ahijado fantástico y, con él, una nueva forma de querer; me han dado tres bodas de buenos amigos (y alguna que otra que nos tuvimos que perder). He pasado mi primera noche en un hospital. 

Tres años dan para mucho. He redescubierto gustos, por el jazz y por la sopa; he afianzado otros, bailar, bailar y bailar. He descubierto el placer de hacer yoga. He aprendido cómo convertir una casa en un hogar. He conocido a Rozalén. Me he enganchado a The National. 

Durante estos tres años he tenido muchos ruidos de obras, mucho insomnio y lluvia. He aprendido a valorar el sol. Me he acostumbrado a no entender a la gente conversando en el tranvía o autobús. He convertido los pantalones impermeables en una prenda imprescindible al salir de casa. Me he comprado mi primera bicicleta de paseo. He corrido dos carreras populares. He presentado mi primer poster, he dado mi primera charla en inglés. He entendido que investigar no es lo que yo pensaba. 

He vuelto a Paris y Ámsterdam una y otra vez, he conocido Tailandia, Nepal, Argentina, Belgrado, Menorca, Viena, Aviñón, Orleans... 

Me he enfrentado a muchos de mis mayores defectos y miedos y he tenido que aceptarlos. He cometido errores, los he superado. He preparado fiestas para 20 personas, he disfrutado de muchas cenas íntimas. 

He reído, he llorado, me he frustrado, mucho. He confirmado que ya hace tiempo que elegí a mi compañero de viaje delante de más de 200 personas. Me he montado en una bici vestida de novia. Estos tres años me han enseñado que la felicidad la dan las personas, no el lugar. He corroborado que una vida cabe en dos maletas y cuatro cajas. He descubierto el placer de mandar tarjetitas para felicitar todo tipo de eventos a las personas queridas. 

Estos tres años me han cambiado. He aprendido a valorar otras culturas, y he aprendido a valorar la mía propia, con tópicos incluidos (¡sí, me gusta bailar sevillanas!). Soy más flexible.

Estos tres años también me han quitado cosas, especialmente tiempo con la familia. Me he perdido comuniones de personitas importantes para mí, cumpleaños y reuniones.

Sin embargo, no me queda nada más que agradecer a Bélgica todo lo que me ha dado en los tres años más intensos de mi vida. Redescubrirse a través de una cultura diferente es fascinante. La repentina insatisfacción al entender que ningún sitio es perfecto es un combustible ideal para VIVIR, vivir muy intensamente aprovechando lo bueno de cada lugar.

Hace tres años llovía, nosotros éramos puro entusiasmo...¿qué nos deparará la próxima aventura? 



viernes, 21 de marzo de 2014

Canciones que emocionan

Y punto.



Deseo

Te seguiré hasta el final
te buscare en todas partes
bajo la luz y la sombra
en los dibujos del aire.

Te seguiré hasta el final
te pediré de rodillas
que te desnudes amor
te mostraré mis heridas.

Y con las luces del alba
antes que tu te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marchare para siempre.

Te seguire hasta el final
entre los musgos del bosque
te pedire tantas veces
que hagamos nuestra la noche.

Te seguiré hasta el final
con el tesón del acero
te buscaré por la lluvia
para mojarme en tu beso.

Y con las luces del alba
antes que tu te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre.

Y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las alas
no habré sabido porqué
me he vuelto loco por nada...

Te seguire hasta el final
por la escalera del viento
por rogarte por Dios
que me hagas sitio en tus besos..

Y con las luces del alba
antes que tu te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre...

Y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las alas
no habré sabido porqué

me he vuelto loco por nada...
Pedro Guerra

sábado, 8 de febrero de 2014

El placer de leer

¿Alguna vez has sentido que, a dos páginas de acabar un libro, necesitas parar, saborear el momento? ¿Te has debatido entre las ganas de conocer el desenlace y las pocas ganas de llegar al final?

Entonces supongo que, como yo, consideras leer como un gran placer, insustituible, diferente. La emoción al leer la primera frase, la curiosidad por la historia que te contarán, por situarte: época, clase social, momento histórico, carácter del personaje...Todo es posible, todo puede pasar, y durante unos días lo que le ocurra a los personajes de tu libro formará parte de tu vida. Tu empatía crecerá y, si la historia te ha enganchado, te será difícil dejar marchar a los personajes.

He estado en tantos sitios diferentes y he conocido tantas costumbres gracias a los libros...Incluso he aprendido a interpretar comportamientos, a detectar diferentes personalidades. Y sí, bueno, son sólo historias ficticias, o historias reales rodeadas de situaciones ficticias, pero no puedo olvidar que la mayoría de las veces la realidad supera con creces la ficción.


Esta reflexión la escribí en un tren, con lágrimas en los ojos, tras despedirme de mis últimos personajes, compañeros durante unas semanas, los personajes de la novela Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini. Es el último de dos libros que me han enganchado sobremanera y que, si bien son muy distintos, existe un fuerte punto de conexión... 

- Mil soles espléndidos                                                            
    Khaled Hosseini  
- Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea
   Annabel Pitcher   

Creo que he aprendido bastante leyendo ambos libros, de una cultura muy distinta a la nuestra, pero también de la nuestra propia. Y al final, va a resultar que las formas son distintas, pero los sentimientos son universales...                               



domingo, 15 de diciembre de 2013

Esta Navidad me pido...¡Carpe Diem!

En el último mes, una película y un libro me han provocado sentimientos parecidos. Me han dejado una sensación agridulce (más dulce que agria a decir verdad). Y me han hecho reflexionar acerca de mi forma de ver mi vida diaria. Y no se trata de una novela merecedora de un premio Novel o de una de las mejores películas de la historia. Son historias sencillas, romanticonas, sin pretensiones. Pero de esas historias que tienen un mensaje claro y no aspiran a más que a hacerte sentir y dejarte una medio sonrisa bobalicona y los ojos enrojecidos. 

Hace un mes vi la película About Time y acabo de terminar de leer el libro Posdata: Te quiero. La película te enseña a cómo vivir cada día como lo que es, irrepetible. El libro es un libro sentimental, puro sentimiento, alimentado por una historia trágica. El libro y la película logran sacarte risas y lágrimas por igual. Son fáciles, pero no completamente superficiales; son sensibleras, pero con fundamento. En resumen, historias enternecedoras. 

El mensaje de la película y el libro está bien claro y no es nada nuevo: Carpe Diem. Disfruta cada día de tu vida, porque aunque te parezca anodino o aburrido, contiene detalles muy especiales. Cada vida es diferente, especial e importante. No hay que aspirar a tener la historia de amor más original y romántica de la historia, a ganar premios que certifiquen que eres bueno en tu trabajo ni a vivir en la casa y el lugar de tus sueños. Por supuesto, todo el mundo aspira a eso, pero por norma general, crecer significa aprender a vivir con la frustración de que nunca alcanzaremos todos nuestros sueños tal y como los queremos. A veces nos aburrimos hasta el infinito de nuestro día a día, de la lluvia, de las averías, de los problemas en el trabajo. Pero cada día está lleno de alegrías a las que tal vez nos hemos acostumbrado y ya no vemos nunca más. No es fácil detectar las pequeñas alegrías entre ojeras, ropa sucia, bolsas de la compra o discusiones varias, pero la felicidad reside ahí. Y leer Posdata: Te quiero o ver About time, puede realmente ayudar a valorar la vida tal y como es. Sigo pensando que la ambición es buena en su justa dosis, que el inconformismo ayuda a mejorarse personalmente, pero también ayuda a ser mejor persona aprender a encontrar la felicidad en el camino, no sólo en la meta, aunque éste esté lleno de piedras o sea empinado. 

Por eso, mi regalo navideño es la recomendación de ver About Time y leer Posdata: Te quiero. Permitiros ser un poco sentimentales por un momento y aceptar que la frase tan trillada "Lo que realmente importa es el amor" ¡es real! 

Os deseo una feliz Navidad llena de amor a todos (incluidos a aquellos que no creen en la Navidad ;-))



lunes, 18 de noviembre de 2013

9 días en Nepal

Cualquier viaje a Nepal comienza en Katmandú. Ya sea de paso hacia las montañas o porque el destino principal es la capital nepalí, todo viajero acaba visitando los templos de Durbar Square, comprando en el caótico barrio Thamel,o visitando el Templo de los Monos. Así que la primera impresión de Nepal es caos, polvo, suciedad y tráfico. Llegar a Katmandú y ser capaz de andar por sus calles sin agobiarse requiere de, al menos, una mañana de entrenamiento. Katmandú tiene templos, estupas de ojos pintados y pequeños Budas por doquier, alcanzando el máximo esplendor en la fantástica Durbar Square. Pero para alguien que va allí buscando la naturaleza que sólo en el Himalaya se puede encontrar, tanto polvo, basura en la calle, motocicletas y sus pitidos (en Nepal no hay normas, así que conducen pitando todo el tiempo: es su forma de hacer saber que se aproximan) pueden causar cierto rechazo.




Nosotros íbamos, al puro estilo europeo, buscando la montaña, la naturaleza. Pero en Nepal la dicotomía ciudad/montaña no existe como nosotros la conocemos (ciudad = avance, tecnologías, industrialización, oficinas...Montaña= lugar despoblado, retiro...). La mayoría de la población nepalí es rural y allí las cabañas rurales no son hoteles-spa, restaurantes de turismo rural o centros de visitantes, son viviendas de familias enteras que viven del campo (y de los senderistas, por supuesto). A medida que desde Pokhara vas subiendo en taxi en altitud, la ciudad se va diluyendo, poco a poco, sin mostrar un claro contraste. Las casas se van espaciando, las motos y sus pitidos se van notando cada vez menos, la carretera se hará cada vez más estrecha, pero para cuando se llega al inicio de la ruta de senderismo, las cabañas siguen repartiéndose por las laderas de la montaña, las personas siguen usando sus móviles y la forma de vestir es exactamente igual que en la ciudad. Todos quieren vivir como en la ciudad. Sólo cuando se comienza a subir por vías inaccesibles para los vehículos, y los burros y porteadores reemplazan a las motos y los coches, se empiezan a apreciar las diferencias que la escasez crea en las formas de vida. 

Cuando iba en el avión, camino de Nepal, mi mente estaba llena de imágenes del ostentoso pico del Anapurna, imágenes de valles derramando aguas de nieve y bosques de mil especies mezcladas, esos que ya hace tiempo nos cargamos por estos lugares del mundo. Sin embargo, nunca soñaba con las cabañitas de madera esparcidas por las laderas, ni con los burros y las vacas echándonos del sendero, ni con la película nepalí que me vería en un refugio de montaña. Y fue esta cultura inesperada la que más me llenó. Puede que las nubes y lluvia que empeñaron las vistas de las imponentes cumbres tengan la culpa de que mi atención se desviara hacia lo más mundano: las personas que, a diferencia de en Europa, siguen habitando las montañas, cultivando sus verduras, matando a sus pollos y tejiendo su ropa. 




Adentrarse en el Himalaya merece mucho la pena, pero no sólo porque el paisaje deja sin aliento, si no porque entras en contacto con una forma de vida que nosotros perdimos. Las personas siguen viviendo de, para y con la naturaleza. Los habitantes de los pueblos aun escuchan y respetan al campo y sus ciclos, porque dependen de ellos. No intentan cambiarlos para su comodidad, se adaptan en los peores momentos y se aprovechan de los buenos. Y sí, claro, quieren tener las mismas oportunidades que los ciudadanos de Katmandú, por eso algunos tienen televisión y a muchos sitios llega Internet. Lo que no ven es que, desde mi punto de vista, su calidad de vida es inmensamente mayor que la de los pobres habitantes de la capital, que llevan mascarilla cuando salen a hacer la compra. 

Viajar siempre aporta algo, abre un poco más la mente, y, en mi caso, me ha servido para volver a un debate nada novedoso, pero duradero: el desarrollo de los países en desarrollo. Yo he apreciado la forma de vida de los nepalíes en la montaña, pero ellos cada vez más quieren huir a la ciudad, ser "modernos" y tener todo lo que ven a los actores de las películas americanas. Y tienen derecho a quererlo, pero en Katmandú he sido testigo de que la globalización no les ha hecho ningún bien. Nosotros ya hemos comprobado que nuestro modelo de crecimiento es perjudicial a largo plazo. Pero ellos quieren probarlo y están en su derecho. Sólo que me daría tanta pena que también allí dejase de escucharse a la naturaleza...

jueves, 24 de octubre de 2013

Feliz y cansada

Me encuentro agotada y no debo extenderme demasiado, porque tengo tanto que contar y tan pocas energías que podría liarme...Así que hoy escribo sólo un aperitivo, una rápida lluvia de ideas de lo que me han inspirado las dos semanas y media de viaje por Nepal y Tailandia:
- Fui a Nepal por sus montañas, pero las nubes las cubrieron y entonces fueron sus gentes las que colmaron con creces mis expectativas.
- No hay nada predecible: la estación seca en Nepal puede convertirse en estación lluviosa de un instante para otro. 
- En los ¨lodges" de montaña, lo mismo puedes conocer a un inglés trabajando para una ONG en Sudáfrica, que a un madrileño dedicado a terapias hipnóticas (con sesión de hipnosis incluida...).
- La sopa de ajo y el té de jengibre realmente ayudan a curar catarros.
- Hay tópicos muy reales: los tailandeses son todo sonrisas y hospitalidad.
- El monzón tiene su encanto: las playas se vacían, y bañarse bajo la lluvia en aguas tailandesas es un placer recién descubierto.
- La comida tailandesa está buenísima, pero picante. No importa que el camarero te diga "Non spicy", no os confiéis, pica igualmente.

Nepal y Tailandia tienen mucho que ofrecer, y es una pena que yo sólo haya podido explorar la puntita del iceberg. Acabo de llegar y ya estoy deseando volver...

Y ahora sí...¡buenas noches!